La magia de pensar en grande

Este tipo de historias me fascinan, me parecen tan mágicas que parecen un cuento de hadas, pero no, pasó en Villavicencio-Colombia, en 2017.

Un amigo de marido tiene 4 hijos, una de 22, uno de 16 y unos mellizos de 10.

En Navidad, un centro comercial hizo un concurso que consistía en escribirle una carta al Niño Dios, iban a escoger tres cartas y a esos niños les iban a comprar los regalos hasta por $4.500.000 que a dinero de hoy en dólares son más o menos 1.600.

El caso es que uno de los mellizos (son niño y niña), se emocionó mucho con el concurso y estaba seguro de que se lo iba a ganar, entonces escribió la carta pidiendo de todo y para todos, un bolso de Mario Hernández para su hermana mayor, un juego de PlayStation para su otro hermano, muñecas para su melliza, patines, balones, patinetas, para él un juego portátil de Play que no entendí, una pista de carros para su primo, unos cuadernos de StarWars para su amigo del colegio, ropa para sus papás y así una lista infinita sin que nadie le faltara.

Por supuesto su hermanos mayores lo bajaban de la nube repitiéndole que era muy difícil ganar, que no iba a pasar, que no se ilusionara tanto, que el Niño Dios eran los papás, que ellos le compraban el cuaderno, etc. Y él les decía que el Niño Dios llegaba de muchas maneras.

El día final del concurso se levantó muy temprano llamó a su abuelita, a su tío, a sus primos a ver si lo acompañaban porque ese día iba a ganar y finalmente varios fueron a la selección de las cartas ganadoras. No había más concursantes, sólo ellos y personas que estaban en el centro comercial y se acercaron a ver qué pasaba.

Lanzaron las primeras cartas al aire y ganó una niña que había pedido una cena completa para toda su familia y poder estar reunidos en Noche buena.

Listo, ¡segunda carta!, las lanzaron al aire y los organizadores comenzaron a leer: un bolso de Mario Hernández, un juego de PlayStation, un juego portátil de Play y así sucesivamente. Una señora que dijo que ese niño si se había pasado pidiendo cosas! sin saber que lo tenía al lado. ¡Nadie lo podía creer!!! todos estaban sorprendidos, menos el niño que escribió la carta, porque estaba completamente seguro de que el Niño Dios llega de muchas maneras...



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Moraleja: Siento que como "adultos" hemos perdido tanto la capacidad de soñar, le tenemos tanto miedo a la frustración y al fracaso que se nos olvidó creer ciegamente en los milagros y en la magia de pensar en grande. A veces no son sentimos merecedores de ciertas cosas, por lo menos eso me pasa a mí, pero abrirme a la abundancia es un proceso en el que estoy trabajando y el hijo de mi amigo es un ejemplo muy claro de recibir abundancia.




Comentarios

  1. La esperanza nunca hay que perderla.

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  2. A pedir en grande, a soñar que todo se puede, a no pisotear los deseos de nadie, añorar eso que se necesita, desear es gratis y hacerlo realidad es sencillo así no se logre... siempre vendrá algo más, incluso algo que no pensaste pero que incluso es mejor!!!
    A mí me ha pasado tantas veces, me digo lo voy a lograr, voy a ir, lo voy a obtener, y si alguien quiere tirar al piso mi sueño o deseo no le hago caso, me repito: otras veces a sucedido, se ha hecho realidad y luego me vuelvo a repetir: SOLO HAY QUE PEDIR, DIOS SE ENCARGARÁ DEL RESTO.
    Amé la historia, amé la seguridad y el convencimiento del niño, así se logran las cosas: soñando y pidiendo en grande, lo máximo que puede pasar es que no llegué y qué: no lo había y se vivía, llegó y se siguió viviendo.
    Y tu Flaca también sabes mucho de esto de desear y hacer realidad.
    Un abrazooooo

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